En busca de los hechos históricos
Estamos en el año 2085. En Badajoz ya hay más cafeterías de “matcha cuántico” que bares normales, y eso dice cosas horribles sobre la civilización. Entre rascacielos con pantallas que te recomiendan “ser tu mejor tú” y drones que te juzgan el peinado, hay un negocio que lo peta: turismo temporal.
Una tarde cualquiera, Carmen, Adrián y Juan, tres alumnos de instituto con un trabajo de Historia pendiente (y cero instinto de supervivencia), deciden pasar por CRONOFANTASMAS & AVATARES, S.L., en C/ Évora, 3 (Badajoz).
En la puerta hay un cartel luminoso que dice:
“VIAJA AL PASADO. VUELVE CON ANÉCDOTAS (Y CASI SIEMPRE CON TU PERSONALIDAD INTACTA).”
La empresa os explica el sistema con tono de anuncio:
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La materia no viaja (tu cuerpo real se queda en el sillón, tranquilito).
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Lo que viaja es tu mente, que se enchufa a un avatar docético: un cuerpo “aparente” pero que interactúa de verdad con el entorno histórico. O sea: puedes andar, hablar, tocar cosas y meter la pata con estilo.
El plan original (según el folleto) es una visita guiada a “Historia interesante y segura dentro de los límites”. Pero vuestro profe de Historia (que claramente odia el descanso) os ha propuesto un trabajo especial: conocer en primera persona la Palestina del siglo I y localizar al tal Jesús de Nazaret.
Sí, “localizar”. Como si fuese un influencer con geolocalización.
Os tumbáis en los sillones ergonómicos, cada uno con su tableta multiforme cargada con recursos de la red planetaria. Lleváis nanodispositivos en sangre para el regreso de emergencia: si pensáis los tres a la vez la palabra clave, os devuelven al local.
Antes de iniciar, la voz corporativa avisa:
“Recuerden: la técnica solo asegura viajes a épocas pasadas que no disten más de 500 años.”
Carmen levanta una ceja:
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“¿Y el siglo I está… a cuántos años?”Adrián:
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“A pocos. O sea… a dos mil y pico.”Juan:
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“Pero pone ‘experiencia premium’. Eso lo arregla.”
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