El salto dura unos instantes.
De repente aparecéis de pie, con mochilas a la espalda, en un sitio que huele a tierra seca, humo y oveja con mala actitud. No hay rascacielos. No hay monorraíl. No hay anuncios.
Solo polvo, sol y silencio dramático.
Carmen mira alrededor:
— Esto… no tiene pinta de ser una visita guiada.
Adrián señala el horizonte:
— Ahí hay un pueblo. Y… ¿eso es un lago? Bastante grande.
Juan mira su tableta (que, por supuesto, tarda en cargar porque incluso en 2085 las cosas fallan):
— La tableta dice… “Provincia: Galilea”.
— …
— Y el pueblo… “Kfar Nahum”.
— …
— Carmen. Adrián. Esto no es una simulación. Esto es Cafarnaúm.
Carmen:
— ¿Cafarnaúm del siglo I?
Adrián:
— O Cafarnaúm versión “sin asfalto”.
Juan (leyendo otra alerta):
— “ERROR DE RUTA: LÍMITE 500 AÑOS SOBREPASADO.”
— “CAUSA PROBABLE: DEMASIADA FE EN EL MARKETING.”
En ese instante, un pastor os mira como si fuerais tres espejismos con mochila, y grita algo en un idioma que no suena a español ni a “modo traductor activado”.
Adrián susurra:
— No entiendo nada.
Carmen:
— Sonríe. Si sonríes pareces menos sospechoso.
Juan:
— Yo sonrío y parezco más culpable.
Y vuestra tableta vibra con una notificación final, preciosa:
“OBJETIVO: localizar a Jesús de Nazaret. Recomendación: no sean raros.”
Demasiado tarde.

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